9.11.09

A.Blossom.Tree.

Un haiku, dos haikus, tres haikus caen desde la copa de un imponente cerezo, en el borde de un avismo. Diminutas hojas, del rosado más agradable a los ojos, se deslizan gentilmente, como resbalando por una escalera invisible, bailan en manos del viento, y vuelan lejos, cubriendo las calles de un pequeño pueblo japonés, perdido entre antiguas montañas, cubiertas por una fina capa de nieve. Un pueblo deshabitado para los ojos, se encuentra vívido en los recuerdos de quien pueda evocarlos, como aquel anciano que todavía recorre sus calles, montado en una bicicleta totalmente oxidada, roída por el mismo tiempo que había sabido marcar en su rostro la velocidad con la que se mueve. Rompe el silencio sepulcral que envuelve el poblado con el andar chirriante de su vieja compañera, y aún así todo parece callado, como si el mismo hombre fuera parte de aquel paisaje demacrado, embellecido por el abandono. Sin el bullicio de mil hombres, sin que se imponga sobre él una extraña estética, podía llenarse de la belleza escondida en la calma y la soledad.
Un millón de haikus alfombran las calles de este pequeño pueblo, pero nunca nadie podrá verlos, solo el hombre que marca su paso entre ellos, que aprecia cada recorrido y descubre cada día algo nuevo en aquel monumento a su propia condición. El resto ha olvidado el pueblo, sus propios edificios, el cerezo en el abismo, y ellos han desaparecido, conforme el pueblo se ha olvidado de ellos.
Buenos Aires, al otro lado del mundo, se encuentra cubierto de poesía, se sacude en la copa de los árboles helados en invierno, se filtra en un empedrado vibrante en recuerdos, grita agonizante en el crujir de las hojas secas, cae ciegamente en la lluvia, posando sus manos en nuestros rostros, para reconocer las facciones de quienes no hacemos más que ignorarla. Ese Buenos Aires, al igual que aquel pueblo en Japón, está vacío, y allí, es donde quiero invitarte.


No tengo cara para hablar de olvido...

19.10.09

Essay:Fire.

¿Cuántas noches habré pasado con mis manos extendidas hacia él, intentando desesperado apaciguar el vibrar de mi piel, el tintinear de mis dientes? Envuelto en gélidas estampidas, los cascos helados pisan mi rostro, solo, quizás mal acompañado por su arrogante resplandecer, el calor que ahora brinda me obliga a condonarlo de todos sus males. Un león de melena danzante que aguarda paciente dentro de su jaula, y en el primer descuido devora árboles, hombres, y ciudades enteras; hemos de alimentarlo para que de su calor nos cubra, pero el fuego es un animal salvaje, de esencia indomable y rencorosa, de él innumerables veces nos hemos burlado, innumerables veces lo hemos usado cual dócil siervo, aunque con el tiempo ha sabido vengarse.
Olvidamos, embriagados por el hervor de la sangre, que el fuego nos ha despojado de todo aquello que hemos moldeado a base de conocimiento, yaciendo en su interior retazos de culturas olvidadas o desconocidas ¿O acaso no fluyó goloso a través de los misteriosos pasillos de la biblioteca de Alejandría? Haciéndose de cada teoría, cada tratado, cada fragmento de historia antigua ¿O no transmutó en cenizas la gloriosa Roma y las imponentes siluetas de su arquitectura, en la época de Nerón? Le ha robado el conocimiento a cada longevo árbol, patriarcas de la historia de nuestro propio suelo, y se ha llevado consigo la vida de miles de humanos inocentes ante los ojos de quien erróneamente juzga el comportar del hombre frente a su reinado. Somos eternas víctimas del fuego, hipnotizados por sus chasquidos arrítmicos y su grácil serpenteo lo observamos alimentarse, engullir sin nunca saciarse, inmerso en la más profunda gula, con la esperanza de asir el calor residual que se digna a arrojarnos tras su festín barbárico. Somos nosotros, en realidad, súbditos de su imponente ser, de su constante amenaza. Somos rehenes del miedo, pero aún así prisioneros acérrimos de la curiosidad, de este modo empujados por esa fuerza invisible hacemos frente a su régimen dictatorial, nos revelamos ante su dorada corona, custodiada por diminutas estrellas fugaces. Que revolución absurda, el fuego juega con nuestras mentes ignorantes, se ríe de nuestro pobre intento, ya que insignificante es el esfuerzo que necesita para destruirnos, para distorsionar nuestra piel y desfigurar nuestros recuerdos, devolviendo al primer plano su superioridad, recordándonos a quien pertenece el reino de la tierra.
Se mantendrán entonces intactos nuestros cuerpos y nuestras creaciones, siempre y cuando reciba el rey fuego el tributo correspondiente, su pago por la indulgencia, su impuesto por el derecho a la vida.


Como si ya no me gustara el fuego, ma doy motivos para que me guste más aún.
By the way, you didn't think I was going to abandon you, did you?

26.9.09

Solitary.Shell.


He seemed no different from the rest
Just a healthy normal boy
His mama always did her best
And he was daddy's pride and joy

He learned to walk and talk on time
But never cared much to be held
and steadily he would decline
Into his solitary shell

As a boy he was considered somewhat odd
Kept to himself most of the time
He would daydream in and out of his own world
but in every other way he was fine

He's a Monday morning lunatic
Disturbed from time to time
Lost within himself
In his solitary shell

A temporary catatonic
Madman on occasion
When will he break out
Of his solitary shell

He struggled to get through his day
He was helplessly behind
He poured himself onto the page
Writing for hours at a time

As a man he was a danger to himself
Fearful and sad most of the time
He was drifting in and out of sanity
But in every other way he was fine

He's a Monday morning lunatic
Disturbed from time to time
Lost within himself
In his solitary shell

A momentary maniac
With casual delusions
When will he be let out
Of his solitary shell


It's breaking out time...