Ya no puedo vivir así, este tinte negro que cubre las paredes y de a poco se adhiere a mis huesos, hasta que no queda nada de mi, solo una risa que percute un alma desolada; por fin mi cuerpo es cárcel de sentimientos que parecen ajenos, pero que en realidad son propios, y yo no soy yo, si no un extraño, un monstruo cobarde que no logra enfrentar sus propios miedos, y descansa solo entre las sombras, donde su cuerpo se funde con las oscuridad, y nadie puede juzgarlo, nadie puede amarlo, nadie puede preguntar porque llora lagrimas de fuego. Es tan fácil estar solo, tan sencillo renegar el dolor punzante, mientras la herida cada vez es más profunda, son más los puntos, y es mayor el abismo; la sangre brota del cuerpo, grita en color carmesí que el dolor es eterno en aquel encierro deliberadamente impuesto. Ya no quiero volver donde el olvido es más corriente que el recuerdo, donde tu rostro en acuarela es víctima de la feroz tormenta, y de a poco se desdibuja, hasta quedar tan solo manchones de pintura al agua que desesperadamente intento reconstruir a tu imagen y semejanza, pero ya no te recuerdo, el fracaso es inminente, la tormenta se vuelve llanto, y el llanto atormenta.
Mis ojos son la oscuridad, mi carne el dolor incandescente, la comodidad es basta donde nadie observa, ya en mis huesos me azotan, una y otra vez, furiosas migrañas. Quien soy yo si no mi propia cárcel, sus miedos, sus deseos y sus frustraciones, quien soy yo si no todos ustedes, quienes son ustedes si no yo, mis inseguridades, reproches y falencias; es quizás mi culpa este dolor que brota desde mi cansado pecho, este rincón oscuro. Soy yo un error, sos vos un fracaso; lo sabremos el día que comprendamos que yo fracasé y vos te equivocaste.
Digamos que Hegel y yo coincidimos en unas cuantas cosas.

0 elefantes se columpiaban...:
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